Las mejores técnicas cognitivas-emocionales de adiestramiento canino

Las mejores técnicas cognitivas-emocionales de adiestramiento canino

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 Una nueva forma de adiestrar a nuestro perroLa Educación Cognitiva-Emocional La capacidad cognitiva de los perros es similar a la de los niños de entre seis meses y dos años. Igual que se estimula a los niños para que desarrollen su inteligencia, es fundamental que los perros vayan desarrollando su mente. El adiestramiento canino  cognitivo emocional trata de dar un paso más en este ámbito y avanzar en las técnicas de entrenamiento, partiendo de una premisa: los perros piensan, tienen emociones. Descubrir cómo son esas emociones, cómo piensan, nos ayudará de manera inimaginable a educar a nuestro perro.  Esta técnica ha supuesto un cambio en el modo de relacionarse con el animal, considerando a éste como un ser con más inteligencia y comprensión de las situaciones de las que creíamos que podían tener. Este tipo de adiestramiento supera, por tanto, las enseñanzas y técnicas rígidas y estrictas que se han usado tradicionalmente.

Hasta ahora se daba por sentado que cuando un animal obedecía o llevaba a cabo una conducta era por motivos egoístas, a saber, recibir un premio, evitar un castigo… y en función de esos criterios se organizaba toda su educación. El enfoque cognitivo emocional trata de que el perro realice esas conductas por afecto o apego a su dueño, y a la vez intenta que el animal comprenda por qué tiene que realizarlas, sin asociarlas a un premio o castigo. Enseñarle a gestionar sus emociones es la tarea primordial de su entrenamiento, y conseguirlo es mucho más fácil cuando el perro siente cariño hacia la persona que está llevando a cabo esta tarea. Los perros siempre buscan sentirse queridos, por lo que el afecto hacia su dueño es su gran aliado para educarle, siempre teniendo presente que no todos los perros, no todas las razas, son iguales y debemos conocer bien a nuestro animal. Si conseguimos llevar a cabo de manera eficaz este entrenamiento tendremos un perro más social, más receptivo, más comunicativo y más feliz.

Lo primero que tenemos que conseguir es que el perro tenga un estado emocional bueno. Trabajar nuestra relación con él es básico. Las conductas que buscamos llegarán con el tiempo, a través de las situaciones educativas que le iremos planteando. No es, por tanto, lo que debemos priorizar.

El perro debe tener una actitud positiva ante el trabajo y estar dispuesto a llevarlo a cabo, entendiendo que no va a conseguir nada gratis. Pero no podemos exigir al animal que haga algo que no le hemos enseñado, que no conoce, o no comprende, y por tanto, la primera y fundamental etapa del adiestramiento cognitivo, una vez que hemos conseguido ese buen estado emocional,  será el APRENDIZAJE, que debe comenzar desde bien temprano. Así, siendo el perro sólo un cachorro hay que habituarle a diferentes ambientes. Hay que estimular su mente desde el primer día, como dijimos al principio. Hacer que conozca diferentes lugares (ciudad, campo), diferentes ruidos y diferentes olores, sin sobrecargarle de información y de manera progresiva. Esto será un buen comienzo. Durante esta etapa es importante saber qué debemos y qué no debemos hacer con el cachorro. Por ejemplo, podemos probar a ponernos a comer en una mesa baja algo apetitoso. Aprenderá el concepto de liderazgo y a mantenerse fuera de ese área (las órdenes de “fuera” y “no” son básicas). Él deberá comer después de que lo haya hecho el dueño.

A la hora del juego, es el dueño el que lo empieza y lo termina, no al revés (o nos acabará dominando). También es importante que se deje manipular (poner la correa, meterlo en la jaula para transportarlo...). Conseguir que esté relajado en la jaula también es un objetivo. Por otra parte, debemos evitar conductas con el cachorro tales como castigarle con el collar o la correa, causarle dolor físico o castigarle por hechos pasados (así como mantener una actitud de enfado después del castigo). No podemos aplicarle un castigo incomprensible, ni darle demasiada importancia a un mal comportamiento: no deja de ser un cachorro. Con todo ello iremos forjando una relación sana con nuestro perro, y estaremos preparados para perfeccionar su educación cognitiva-emocional.

En una primera fase del aprendizaje tratamos de conseguir que haga algo de manera mecánica, es decir, le enseñamos acciones y trucos que debe aprender. Debemos conseguir que el trabajo desarrollado sea simple para el perro, dividirlo por etapas, con unos objetivos concretos para cada una de ellas, y llevar a cabo una evaluación para comprobar si realmente el aprendizaje está dando sus frutos. Pero como hemos comentado, el fin de esta educación no es que el perro repita mecánicamente una acción para conseguir un premio, sino la comprensión de lo que está haciendo (por ejemplo, mandamos sentar al perro y le ofrecemos comida alejándonos de él. Cuando haya comprendido que lo que le pedimos es que permanezca sentado, no se levantará a por su premio hasta que no le demos esa orden). Si nos quedáramos en esta enseñanza mecánica tradicional, el perro nos obedecería, pero no estaríamos consiguiendo el verdadero fin, que hemos dicho que es conseguir la OBEDIENCIA del perro sin estímulos, simplemente porque el adiestrador es el “jefe”, se le respeta, confía en él  y hay que obedecerle.

Lo ideal sería que el animal no sólo hiciera el trabajo que le pedimos, sino que se implicara en él, buscando realizarlo correctamente. ¿Cómo se puede conseguir esto? Entre otras maneras, con juegos. Por ejemplo, con un juego para fomentar su capacidad resolutiva: Escogemos uno de los juguetes preferidos de nuestro perro y llenamos la habitación de “trabas” que tiene que superar para llegar hasta él. Nos sirve cualquier tipo de obstáculo: sillas, cojines, mesas auxiliares… Se trata de que el perro vaya solucionando cada uno de los problemas que se va encontrando para alcanzar su juguete, bordeándolos, saltándolos o pasando por debajo de ellos. Es importante que no hagamos imprescindible la correa. Todo ello bajo el principio de jerarquía. Es decir, el perro tiene que tener claro quién manda, pero a la vez debe confiar en esa persona (evidentemente, la confianza, al igual que ocurre con las personas, hay que ganársela). A medida que nuestra mascota va creciendo, el estado emocional que adquirió de cachorro se debe mantener, puesto que, de otro modo, pueden aparecer problemas psicológicos más graves. No es difícil.  Por medio de juegos podemos enseñarle a la vez que el perro se divierte y se libera del estrés. Varios ejemplos: Un juego para fomentar su memoria: Colocaremos, con el perro presente, una galleta o un juguete en algún lugar de la habitación (no a simple vista). Sacaremos al animal de la habitación, y transcurridos 5 ó 10 minutos, volveremos a la habitación con él. Debería ser capaz de acordarse de dónde pusimos el objeto, y, ayudado por su olfato, encontrarlo y cogerlo. También hay juegos, similares a los de los niños, que potencian y evalúan su inteligencia.

Estos juegos no sólo generan diversión, también evitan problemas de conducta, ejercitan la mente del perro, evitando posibles problemas cognitivos. Al igual que los niños tienen puzzles, podemos dar al perro juguetes en los que tiene que llevar a cabo una acción para conseguir una golosina, por ejemplo: mover la tapa, tirar de una cuerda, etc. Cada vez hay más variedad de juguetes de este tipo y además, podemos ir aumentando la dificultad a medida que nuestra mascota vaya superándose. Todos estos juegos nos servirán para fortalecer el vínculo entre el propietario y el animal, algo que ya hemos dicho que es uno de los objetivos fundamentales de esta educación y que nos permitirá saber cómo reacciona nuestro perro ante cada situación, lo conoceremos mejor y nos conocerá mejor a nosotros, lo que le hará sentirse confiado, y a la larga le liberará de miedos y estrés. Evidentemente en todo entrenamiento son necesarios AJUSTES y poco a poco el animal irá siguiendo las órdenes con más precisión y más velocidad, debemos tener paciencia. Un libro recomendable para ahondar en este tipo de adiestramiento es “Adiestramiento Canino Cognitivo-Emocional”, de C.A. López García.  

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