Auxiliar de enfermería: la importancia de la psicología del paciente

Auxiliar de enfermería: la importancia de la psicología del paciente

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La psicología es una de las partes fundamentales para favorecer el bienestar del paciente  y de los familiares que estén a su lado durante el camino. Ten en cuenta que tanto los enfermos como sus acompañantes pasarán por momentos difíciles y el apoyo psicológico es un punto vital para hacer el trance más llevadero.

Una práctica imprescindible es la de ponerse en la piel del paciente y, entre otras cosas, conocer las distintas fases y sensaciones que se viven a la hora de asumir una enfermedad. ¿Quieres saber más?

 

  • Negación

La negación es una forma mental de defenderse del dolor, de un choque inesperado y de las malas noticias, por lo que la primera reacción ante una enfermedad es negar la evidencia. Es probable que el paciente cuestione el diagnóstico médico, se torne desafiante y tienda a aislarse.

En esta fase a menudo el enfermo se siente solo y perdido, y cae en el error de buscar información en Internet para intentar superar el trance por su cuenta, algo que puede resultar muy peligroso si consulta fuentes inadecuadas.

Lo mejor durante este proceso es decirle que cuando esté dispuesto para hablar de ello, te lo haga saber, siempre dejándole su espacio y tiempo.  

 

  • Ira o enfado

Tras la búsqueda de información y de asimilar lo que está pasando llega el momento en el que el paciente se pregunta: “¿Por qué yo?”, “¿Cómo me puede estar pasando esto?”

Se enfadará con los médicos, por no haberlo detectado antes, y con familiares, amigos y personas del entorno más cercano por no comprender por lo que le está pasando. Durante este periodo se convierte en un paciente difícil y exigente, que descarga su cólera sobre los que le rodean.

Es en este punto cuando la paciencia, la capacidad de escucha y la empatía son las mejores armas para poder lidiar con estas sensaciones. Ante todo no conviene apartarse de su lado por muy complicado que sea, lo más adecuado es dejar que suelte poco a poco su ira.

 

  • Negociación

El enfermo intenta llegar a acuerdos o promesas para minimizar la situación y estar en paz consigo mismo: “Si empiezo a hacer deporte seguro que no me vuelve a pasar”, “si cambio mis hábitos no será tan grave”, etc.

 

  • Depresión

Aparecen sentimientos de inutilidad y tristeza por no poder hacer las mismas cosas que hacían antes de aparecer la enfermedad. Esa pena elimina las ganas de seguir hacia delante y puede derivar en una depresión si no es tratada a tiempo.

La primera cosa que puede ayudar al paciente es recordarle que es normal tener algunos días buenos y otros malos, que puede llorar y desahogarse, forzarle a estar alegre es un error. Debe aprender a manejar la enfermedad y reconocer que actividades desencadenan una crisis de la misma, de esta forma podrá aumentar el número de días en los que se puede encontrar mejor.

 

  • Aceptación

Si el enfermo ha superado las fases anteriores es cuando por fin acepta la dolencia como una parte más de su vida, una realidad con la que debe convivir de la mejor manera posible. Estar triste o preocupado de vez en cuando entra dentro de la normalidad, pero comprende que su vida todavía puede tener un futuro a pesar de que su energía y capacidades físicas estén limitadas de algún modo. 

 

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